PORQUE A VECES EL PERIODISMO SE ROZA CON LA HISTORIA

sábado, 6 de mayo de 2017

CON LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE COMUNAL
EL RÉGIMEN PASA A LA 4ª. ETAPA
DEL PROYECTO COMUNISTA DE CHAVEZ
 
¿A quién cree que engaña con su propuesta de Asamblea Constituyente Comunal (ACC) Nicolás Maduro? Está claro que, esa ACC busca implantar la cuarta etapa del proyecto político de Chávez: el Socialismo del Siglo XXI, o como lo dijera muy claro el propio Fidel Castro en agosto de 2010: el comunismo.
 
Aunque el pueblo venezolano tiene memoria corta, sobre todo la dirigencia opositora, podemos afirmar que los chavomaduristas, con sus asesores castro comunistas –algunos dicen que rusos- han avanzado a paso lento pero seguro, y ya han quemado varias etapas. Corresponde ahora, la ACC pasar del sistema político que nos rige, a la dictadura comunista, según la cual, ellos se mantendrían en el Poder hasta, por lo menos, el 2050, de acuerdo a los cálculos del propio Chávez quien, si bien murió, dejó todo listo y sus seguidores lo están aplicando fielmente bajo el lema: “Chávez vive, la lucha sigue”.
 
Por qué pocas personas se han percatado de esto, incluyendo a la dirigencia opositora, negada a interpretar las ideas chavistas y más bien se dedicaron a subestimarlas?
 
Al asumir su primer mandato, HCF juraba que no era comunista, tal como lo hizo en su momento, su maestro Fidel Castro. Poco a poco HCF comenzó a hablar del Socialismo del Siglo XXI, pero la mayor parte de los venezolanos no le daba importancia al término y decía “no, vale yo no creo, no somos Cuba”, y así fue avanzando el tiempo y el Régimen, vía leyes habilitantes, vías decreto o vía imposición,  continuaba sus proyectos.
 
En el 2007 comenzó a hablar directamente de Marxismo, hasta en cadena de radio y TV. Nadie se oponía. Apenas si tiempo después, jerarcas de la Conferencia Episcopal le solicitaron que aclarara esa idea, a lo que HCF le dijo a Juan Barreto que le enviara una caja con libros sobre el marxismo a los sacerdotes. En julio de 2010, cuando juramentó a José Ramón Rivero como ministro del Trabajo, se declaró Trotkista, y alabó el proyecto del ruso, "La Revolución Permanente".
 
Sin embargo, luego de tanta ambigüedad, que según el analista Aníbal Romero, en entrevista que nos concediera para el diario El Carabobeño en agosto de 2010, era un elemento que el ex mandatario usaba como un instrumento político. 

-Es un gobierno autocrático y no una dictadura, por el uso que hace de esa ambigüedad como instrumento político, aunque la autocracia puede ser "aún más perversa pues utiliza ese recurso de acuerdo con sus conveniencias circunstanciales, fortaleciendo o ablandando el ejercicio arbitrario del mando según la evolución de los eventos y las necesidades del poder".
 
-¿Se puede considerar comunista?
 
-Mi convicción particular es que Chávez, en su fuero más íntimo, desearía reproducir en Venezuela un régimen parecido al cubano, pues comprende que ese tipo de sistema, si fuese viable en nuestro escenario sociopolítico, contribuiría a aferrarlo indefinidamente al poder. No obstante, no ha estado dispuesto a pagar los costos, medidos en sangre y fuego, que el establecimiento de un régimen de esas características demandaría en Venezuela.
 
Para Romero, el choque entre las ambiciones ideológicas de Chávez y la realidad sociopolítica venezolana se derivan una serie de paradojas y contradicciones; "peculiares al experimento del socialismo del siglo XXI".
 
A juicio del especialista, la principal paradoja se patentiza en la grieta entre el discurso presidencial, que enarbola una utopía y la verdad de un régimen basado en la "depredación del país por parte del partido militar y el subsidio populista a los sectores más pobres".
-La ineficiencia, el robo y el saqueo favorecen el enriquecimiento del partido militar y del sector civil gobernante, los cuales tampoco son capaces de manejar un capitalismo de Estado eficiente. De modo que el socialismo del siglo XXI ha degenerado en incesante depredación".
 
Opina Romero que el partido militar es el que realmente está en el gobierno en Venezuela: "la nueva élite civil dominante dependiente del estamento militar, controla el poder para enriquecerse y a su vez emplea los recursos del Estado, sin control institucional alguno, para reproducir las condiciones de su perdurabilidad en el mando".
 
En su opinión, y esto lo dijo en 2010 en un análisis que se llevó a cabo en el IADEN, al que también asistió, entre otros especialistas en la materia militar el ex ministro de la Defensa Fernando Ochoa Antich, y al que le dimos cobertura periodística personalmente- los militares ya no son institucionalistas o chavistas, sino que hay un tercer factor, comunistas radicales.

El IADEN, es un "Centro de Estudios Estratégicos, cuya misión es generar, promover, investigar  y divulgar conocimientos de  forma continua y permanente, con el  fin de formar profesionales y asesores que contribuyan a garantizar  la seguridad, defensa integral  y desarrollo de la Nación, la promoción de la integración de Nuestra América y el Caribe en pro del bienestar de todos los habitantes de la región". Para ese momento, 2010, estuvo coordinado por el Dr. Eduardo Fernández.


Hay que considerar que esas declaraciones las dio en 2010, y es mucha el agua ha corrido por debajo de los puentes.

 
Peo no fue si no hasta enero de 2007, al ser reelegido en la Presidencia de la República, y en su discurso de toma de posesión, cuando asumió su filiación marxista. Luego, tras su polémica con el cardenal Jorge Urosa Savino le manifestó que era “cristiano, humanista y marxista”. Todo lo hizo gradualmente.
 
Una demostración del modus operandi de la narcodictadura chavomadurista la da Enrique Standisch en 2013, cuando, haciendo una retrospectiva, detalla las etapas alcanzadas por el proyecto chavista:
 
“A lo largo de los catorce años que mantuvo el poder, Chávez llevó adelante una estrategia para introducir el socialismo en Venezuela por etapas. La primera etapa tenía como objetivo obtener el control absoluto de todas las instituciones del Estado. Así es que durante los primero cuatro años sus esfuerzos se centraron en cambiar la Constitución para adaptarla a sus planes, controlar el Tribunal Supremo, anexar comisarios políticos a las unidades del ejército al estilo soviético, y cambiar los sistemas de cedulación y de votación con el fin de asegurar su reelección en elecciones futuras a través de la manipulación del padrón electoral.
 
Durante esta etapa, se abstuvo de antagonizar con el sector privado. Tenía demasiados frentes abiertos y sabía que no podía enfrentar a todos sus enemigos al mismo tiempo. Chávez se aseguró inicialmente de tranquilizar al sector privado aclarando que no tenía ninguna intención de perjudicar sus intereses.
 
En Septiembre de 2001, inició su Ofensiva para la Segunda Etapa de “El Proceso”, siguiendo los textos de Lenin, apodó esta etapa pre-revolucionaria rumbo al estado totalitario. Ese mes rompió abiertamente con Estados Unidos al exclamar que los bombardeos norteamericanos a objetivos en Afganistán eran “actos terroristas equivalentes a los ocurridos el 11 de Septiembre”.  Al poco tiempo promulgó las tristemente célebres “49 leyes” diseñadas contra el sector privado. Esas leyes eliminaron toda posibilidad de apertura al sector privado en el sector petrolero, estableció la confiscación de tierras sin compensación a sus dueños legítimos y estableció “zonas de seguridad” en vastas zonas urbanas, efectuando una confiscación de facto de algunas de las mejores propiedades inmobiliarias del país. Al mismo tiempo, inició una campaña de asedio contra los sindicatos independientes utilizando los tribunales para hostigar e incluso encarcelar líderes sindicales prominentes.
 
Estas acciones, como esperaba y había previsto, energizaron a la oposición y produjeron protestas y marchas pacíficas multitudinarias. Chávez estaba listo para esta reacción y los retos que representaba para su proyecto. Sin embargo cometió un grave un error de cálculo al entrar en pánico por la gran marcha del 11 de Abril de 2002. Al ordenar a sus milicias civiles armadas disparar contra los ciudadanos desarmados que participaban en la marcha, la  alta oficialidad del ejército, cuidadosamente seleccionada por él por su lealtad y tendencia política, asqueada por los sucesos, decidió deponerlo. Chávez fue depuesto por sus propios Generales, y esos mismos Generales lo regresaron al poder pocos días después, luego que el sucesor apoyado por la oposición cometiera errores inimaginables que le restaron todo apoyo de la población.
 
El resultado fue que Chávez salió fortalecido y la Segunda Etapa del Proceso fue un éxito. Para finales de 2004  se encontraba muy cerca de controlar los “alturas dominantes” de la economía venezolana, había logrado la destrucción casi total del movimiento sindical independiente (con sus líderes presos o en el exilio) y controlaba casi la totalidad de los medios masivos de comunicación.
 
Pronto, sin embargo, se percató de que su imagen como sucesor de Fidel Castro presentaba un grave problema: grandes empresas multinacionales todavía estaban presentes en sectores clave de la economía venezolana y los ingresos del país eran totalmente dependientes de las ventas de petróleo a Estados Unidos. ¿Cómo podía un leninista del siglo XXI lograr fama mundial si todos sabían que en su propio país empresas multinacionales controlaban grandes sectores de la actividad económica?
 
Es así como comenzó en el 2008 la Tercera Etapa del Proceso. Nacionalizó las operaciones locales de las empresas multinacionales en todos aquellos sectores considerados “esenciales” por sus asesores cubanos: empresas de telecomunicaciones, minería, acero, materiales de construcción, petróleo y servicios petroleros, electricidad, gas, suministros agrícolas e incluso fabricantes de vidrio. Al mismo tiempo Venezuela firmó acuerdos altamente perjudiciales, costosos y desventajosos con China con el único propósito de desviar las exportaciones petroleras venezolanas de Estados Unidos hacia el mercado chino.  El costo fue alto, pero logró su propósito de eliminar la dependencia del mercado norteamericano.
 
Cuando falleció, Chávez había logrado casi todo aquello que se propuso. Una oposición mediocre y sin ninguna visión estratégica no representó jamás un reto importante. Además, como se jactó públicamente, más de una vez, los había “infiltrado hasta la médula”.
 

 
Su objetivo no era hacer de Venezuela otra Cuba –aunque su ejemplo era el “mar de la felicidad”-  sino reemplazar a Fidel Castro en el liderazgo, todo lo contrario de su sucesor Nicolás Maduro, quien convirtió a nuestro país en un virreinato del “imperio” cubano, por su elevada dependencia del Castrismo.
 
Corresponde ahora a Nicolás Maduro desarrollar la cuarta etapa del proyecto chavista.


https://www.youtube.com/watch?v=nr_k2eugJTU&feature=youtu.be




 
 

 
 

 

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